Un mal gobierno… para un mal pueblo

Dicen que un pueblo tiene el gobierno que merece… y si nos quejamos tanto de quienes gobiernan, tal vez deberíamos fijarnos en qué estamos haciendo mal nosotros.

Después de leer el texto sobre el Encuentro Nacional Juvenil del PAN, que amablemente escribió para EycomConsulting nuestro amigo Alejandro Hermosillo (Twitter: @ALEXHSILLO), pensé en lo mal que estamos. Lo mal que estamos como ciudadanos, como políticos y sobre todo como personas.

Los ciudadanos nos quejamos del narcotráfico pero consumimos drogas, repudiamos la educación de los hijos pero no los formamos en nuestros hogares, estamos hartos de la corrupción y somos los primeros en ofrecer “mordida” a oficiales de vialidad y tránsito. Por comodidad, no queremos abrir los ojos y nos negamos a creer que somos parte del problema.

Los políticos en México ven como un premio llegar a un cargo público de elección popular ¿en verdad no se dan cuenta de la gran responsabilidad que adquieren? ¿no ven que no es un premio sino la voluntad de un pueblo que les demanda buen gobierno? ¿no se percatan que (en teoría) están adquiriendo más obligaciones y menos derechos? Pero sigan sin leer, sin estar cerca de la gente, de lo que ésta quiere en realidad, sigan pensando que política es sinónimo de sucios partidos y que ésta debe servir para el beneficio de quienes están dentro de ella. Está bien, hagan lo que quieran, pero luego no se quejen; tomen su premio, su “hueso”, porque lo que ustedes hacen no es política, lo que ustedes hacen no dignifica al hombre.

Entendamos que todos somos personas, que todos nos equivocamos, pero basta de usar esta razón para justificar nuestros actos u omisiones. Erramos al ver a “la prole” como alguien con menor valor, metemos la pata cuando no podemos unirnos a pesar del amor a la patria, erramos profundamente al calumniar, mentir, hacer trampa y hacer tropezar al hermano mexicano.

Por todo esto, creo que debería haber menos queja y más acción, menor conflicto y mayor comprensión… disminuyamos las diferencias y acrecentemos las coincidencias (nuestras identidades).

Miguel Cravioto

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