El viraje de AMLO

Es evidente el cambio de estrategia de López Obrador como candidato único de la izquierda mexicana. El otrora “presidente legítimo” que mandó al diablo a las instituciones es ahora un “custodio de la ley”, el inquisidor de los empresarios se ha convertido de pronto en un defensor de la libre empresa, el enemigo número uno de Salinas de Gortari ha mandado señales de reconciliación al ex presidente mexicano, el que antes tomaba carreteras y quien sembró el caos en la ciudad de México durante meses para manifestar que no aceptaba el triunfo de Calderón, predica ahora el discurso de la república amorosa como un mensaje esencial de su campaña.

¿Es Andrés Manuel un líder mesiánico? Es posible. Muchos de sus desplantes pasados nos llevarían a pensar que el tabasqueño es otro Chávez, un líder populista, un megalómano, un dictador, etc.

Quien fuera calificado como un peligro para México es ahora una especie de pastor que convoca a su grey a un pacto nacional de amor y misericordia. Pero hay que decir que el nuevo discurso de AMLO no es futo de la locura o del proceder de un iluminado ¡Hay estrategia!

Los asesores del peje han pulsado muy bien la opinión pública y saben que en la psicología del mexicano cala hondo el mensaje religioso. No es que seamos precisamente un pueblo con gran solidez y formación religiosa, al contrario, tendemos colectivamente más bien al esoterismo, a la credulidad absoluta y a una moderna idolatría.

Pero estas características son justamente las necesarias para que prenda un discurso como el López Obrador. Los asesores de este político han detectado con claridad los flancos débiles de la sociedad mexicana, al menos en ciertas capas sociales, y han dado en el clavo al elaborar un mensaje sencillo, “amoroso”, conciliador, ambiguo, esperanzador, paternalista, una auténtica prédica religiosa que por momentos parece la de un pastor religioso.

Este discurso político fue el usado por Ollanta Humala en Perú y hasta cierto punto el utilizado por Fernando Lugo en Paraguay, quien antes de arribar a la presidencia era Obispo católico de una de las diócesis más importantes de aquel país.

En fin, López Obrador con esta metamorfosis que ha sufrido puede modificar entre una franja nada despreciable del electorado la imagen de agresividad e intolerancia que se ganó a pulso. Es evidente que es un político que contrario a lo que se piensa se pliega a una hoja de ruta y está haciendo exactamente lo que debe de hacer para lavar su imagen.

No hemos visto todo en este cambio de 180 grados que ha dado en su vida. Nos sorprenderán anuncios futuros que lo describirán como un católico modélico. Sus asesores han comenzado a correr la versión de que López Obrador sufrió una especie de conversión con el arribo de las reliquias del beato Juan Pablo II a México. ¡Vaya relato! Lo increíble es que muchos sentirán emoción ante “el milagro”. Pronto veremos concentraciones en las que la gente portará indistintamente la imagen de la Guadalupana junto a la del candidato de la Coalición “Por el bien de todos”.

Guillermo Velasco Barrera
Doctor en Comunicación Pública
Profesor de comunicación política de la Universidad Panamericana,        Campus Guadalajara.

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